El downsizing aparece en los ochenta como cambio de paradigma en el management empresarial. Estas reestructuraciones o “reingenierías” se llevaron por delante los puestos de trabajo de más de treinta millones de oficinistas norteamericanos entre 1981 y 2003. No es de extrañar que el presidente de General Electric, Jack Welch, se ganara el apelativo atómico de “Neutron Jack” al despedir a 112.000 trabajadores y anunciar que, cada año, prescindirían del 10% menos productivo de la plantilla.
Todo esto resulta sin duda menos doloroso cuando, según apunta Ralph Whitehead ”(…) despiden a una persona de cada tres y luego ponen un cartel inspiracional en el pasillo para tapar la herida psicológica”.
El “pensamiento positivo” se perfila como el gran aliado de liberal capitalismo extremo. Tenemos a directivos chamánicos con, según publicó la revista Fortune, “una visión del mundo en la que […] la realidad no es algo absoluto, sino un subproducto de la conciencia humana”, y a curritos obligados a asistir a charlas perpetradas por predicadores como Zig Ziglar para que, a golpe de epifánica liturgia, se grabe bien la idea: “Tú eres el responsable; no le eches la culpa al sistema; no le eches la culpa al jefe: trabaja más y reza más”.
Pues nada, a rezar y a seguir leyendo el excelente ensayo “Sonríe o Muere: La Trampa del Pensamiento Positivo” de Barbara Ehrenreich que es de donde sale todo esto.